En el año 1998, Tim Schafer creó una aventura gráfica en 3D y la puso en manos de la compañía Lucas Art. Era el videojuego Grim Fandango, con el que el mundo de las aventuras gráficas volvió a tomar un nuevo rumbo, desconocido hasta ese momento y que ha sido una referencia hasta el día de hoy.
La ciudad de El Tuétano
El objetivo de este apasionante videojuego es llegar, desde el Departamento de la Muerte, hasta el noveno cielo, la tierra del descanso eterno. Para ello, Manuel Calavera (Manny), un vendedor de paquetes de viajes para fallecidos de la ciudad de El Tuétano, ofrece a todos sus clientes los mejores servicios que su empresa le permite.
A pesar de ello, no consigue suficientes clientes, ya que estos paquetes no parecen ser del todo satisfactorios. A partir de aquí, empieza a investigar el motivo de que su “compañero” de trabajo, Domino, tenga siempre las mejores ofertas de la empresa y los mejores clientes.
Manny se infiltra en el ordenador de Domino con el fin de robarle una cliente. Cuando su jefe se entera del robo, se enoja con él y le despide. Claro que en la ciudad del Tuétano, los despidos no son como en los lugares de los vivos: a Manny se le encierra en una especie de calabozo, donde es visitado por el misterioso Salvador Limones, el cual le dará la oportunidad de unirse a la Alianza de Almas perdidas y así poder lograr escapar de la ciudad de El Tuétano.
Un juego muy divertido
Un increíble videojuego, inspirado en el Mictlán , el inframundo azteca, con varios niveles que salvar, con unos diálogos divertidos, muy en la línea de Lucas Art.
El juego es muy adictivo, a pesar de que no es fácil. Algunas partes del mismo son difíciles y el jugador puede quedarse atascado en ellas, pero es tan entretenido que no se abandona y se insiste hasta superarlo. La historia está inspirada en las novelas de Raymond Chandler y con los dibujos del dibujante mexicano, José Guadalupe Posada.